sábado, 15 de julio de 2017

¡La SEMILLA de la PALABRA!


Comentario domingo XV  del Tiempo ordinario Ciclo A

¡Hay que sembrar! El Señor Jesús nos ha mandado a sembrar la semilla de su Palabra por todo el mundo, en todo tiempo y en todo lugar. No importa que corramos el riesgo de que algunas semillas se pierdan; lo importante son aquellas que caen en “tierra buena” y dan fruto según la “calidad” de esa tierra en la cual cae.

Nosotros somos esa tierra, la cual tenemos que trabajar y preparar (abonar) para que cuando caiga la “semilla”, no se pierda y pueda dar fruto abundante. Hay “tierras” que son “piedra dura”; enmohecidas por el orgullo, la soberbia y la autosuficiencia; es imposible que allí la semilla pueda germinar pues está bloqueada para recibirla. Hay otras que se abren a la semilla pero el terreno está lleno de “escombros” (basura) y se frustra en ella la siembra. Otras reciben la semilla pero el enemigo siembra la “cizaña” que ahogan el fruto débil y éste se seca y muere. Pero hay otras “tierras buenas”; son los sencillos y humildes que la esperan con alegría porque están preparados para recibirla y es por eso que allí las semillas dan fruto abundante.

Ellos son los que se convierten en Misioneros sembradores. A unos les toca preparar la tierra; a otros sembrar la semilla y a otros cosechar el fruto. La Creación entera está “gimiendo” con dolores de parto esperando que los “hijos de Dios” se manifiesten para verse liberada del desorden y de la esclavitud de la corrupción para compartir el gozo de la gloriosa libertad de estos su hijos “labradores” y que la naturaleza, creación de Dios por su Palabra vuelva a ser como al principio el JARDÍN DEL EDÉN que El quiso que fuera.

¡A desalambrar que la tierra es nuestra y su fruto también. Todos a sembrar. Amen
Pbro. Pablo Urquiaga.

Imagen de Cerezo Barredo




jueves, 13 de julio de 2017

El Papa abre la puerta de la santidad a los que ofrecen su vida por los más necesitados


Francisco firma un Motu Proprio que los equipara al martirio o las virtudes heroicas


El "ofrecimiento de vida", nueva causa de beatificación y canonización en la Iglesia católica


(Jesús Bastante).- Sin lugar a dudas, este verano parece estar destinado a ser el de las "sorpresas". Si hace apenas una semana, el Papa Francisco defenestraba al cardenal Müller al frente de Doctrina de la Fe, ahora la Santa Sede acaba de publicar el Motu Proprio 'Maiorem hac dilectionem', en el que se declara "el ofrecimiento de la vida"como "un nuevo ejemplo de caso de beatificación y canonización, distinto del martirio y las virtudes heroicas".
¿Qué significa esto? Que el Papa Francisco, en un nuevo paso en pos de esa "Iglesia pobre y para los pobres", ha abierto el camino a la beatificación y canonización de aquellos cristianos que, "impulsados por la caridad", ofrecen su vida por el prójimo,"aceptando libre y voluntariamente una muerte cierta y prematura".
Algo distinto a los mártires, que murieron "por odio a la fe". Los misioneros, los cooperantes católicos, los "buenos samaritanos", los que colocan la caridad en el centro de su misión. Por eso, no es extraño que la carta arranque con el texto del Evangelio de Juan: "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos". Una "Iglesia samaritana", junto a la clásica "Iglesia de los mártires".
En el Artículo 1 de la Carta Apostólica (escrita tras el parecer favorable de la Congregación para las Causas de los Santos), el Papa establece que el "ofrecimiento de la vida es es un nuevo camino, una nueva circunstancia en el proceso de beatificación y de canonización, distinta de las del martirio y la heroicidad de las virtudes".
Este cuarto camino se suma a los tres previstos a lo largo de los siglos por la Iglesia católica, que prevén que se puede proceder a la beatificación de un Siervo de Dios afianzados en el camino del martirio; el camino de las virtudes heroicas y el equivalente que confirma el culto antiguo.
"Son dignos de especial consideración y honor aquellos cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás y han perseverado hasta la muerte en este propósito", afirma el documento, firmado hoy mismo.
"Es cierto que el heroico ofrecimiento de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo y, por lo tanto, es merecedor de aquella admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a aquellos que voluntariamente han aceptado el martirio de sangre o han ejercido en grado heroico las virtudes cristianas", reitera el Papa.
A partir de ahora, para que el "ofrecimiento de la vida" sea válido en la beatificación de un Siervo de Dios, debe responder a "el ofrecimiento libre y voluntario de la vida y heroica aceptación por caridad de una muerte segura y rápida"; "ejerciendo, al menos en grado ordinario, las virtudes cristianas antes de ofrecer la vida y, después, hasta la muerte"; la "existencia de fama de santidad y de signos, al menos después de la muerte" y "la necesidad del milagro para la beatificación, que tenga lugar después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión".
Cortesía de: http://www.periodistadigital.com
Jesús Bastante, 11 de julio de 2017 a las 12:22




Francisco: "La catequesis no es un trabajo, se es catequista toda la vida"


El Papa invita a "ser creativos" y "buscar diferentes medios para anunciar a Cristo"


"Jesús se adaptaba a las personas que tenía ante él para hacerles cercano el amor de Dios"


(J. Bastante/Aica).- "La catequesis no es un trabajo, se es catequista toda la vida". El Papa Francisco envió un mensaje al Simposio Internacional de Catequética que esta semana se celebra en la Universidad Católica Argentina.
En sus palabras, Bergoglio animó a los catequistas a "ser creativos" y "buscar diferentes medios y formas para anunciar a Cristo".
"Ser catequista es una vocación de servicio en la Iglesia, lo que se ha recibido como don de parte del Señor debe a su vez transmitirse", dijo el Papa y señaló la importancia de "volver al ‘kerygma'", "el anuncio fundamental que debe resonar una y otra vez en la vida de un cristiano, y más aún en aquel que está llamado a anunciar y enseñar la fe", aseveró.
El Sumo Pontífice afirmó que este anuncio debe acompañar la fe que está presente en la religiosidad popular del pueblo y que "es necesario hacerse cargo de todo el potencial de piedad y amor que encierra la religiosidad popular".
El catequista "camina desde y con Cristo", y no debe ser una persona que parte de sus propias ideas y gustos, sino que se deja mirar por Él. "Cuanto más toma Jesús el centro de nuestra vida, tanto más nos hace salir de nosotros mismos, nos descentra y nos hace ser próximos a los otros", garantizó.
El Pontífice también ratificó la relevancia de la catequesis ‘mistagógica', "que es el encuentro constante con la Palabra y los sacramentos y no algo meramente ocasional... la vida cristiana es un proceso de crecimiento y de integración de todas las dimensiones de la persona", recordó.
"El catequista -continuó el Papa- es además creativo, busca diferentes medios y formas para anunciar a Cristo". "Esta búsqueda de dar a conocer a Jesús como suma belleza nos lleva a encontrar nuevos signos y formas para la transmisión de la fe. Los medios pueden ser diferentes pero lo importante es tener presente el estilo de Jesús, que se adaptaba a las personas que tenía ante él para hacerles cercano el amor de Dios", apuntó.
"Hay que saber ‘cambiar', adaptarse, para hacer el mensaje más cercano, aun cuando es siempre el mismo, porque Dios no cambia sino que renueva todas las cosas en Él. En la búsqueda creativa de dar a conocer a Jesús no debemos sentir miedo porque Él nos precede en esa tarea. Él ya está en el hombre de hoy, y allí nos espera", invitó Francisco.
Finalmente, agradeció a los catequistas "por lo que hacen, pero sobre todo porque caminan con el Pueblo de Dios", y los animó a que sean "alegres mensajeros, custodios del bien y la belleza que resplandecen en la vida fiel del discípulo misionero".
El mensaje fue leído por el Nuncio Apostólico en la Argentina, Emil Paul Tscherrig, durante la celebración de la misa presidida por el arzobispo de Resistencia y presidente de la comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica, monseñor Ramón Alfredo Dus, en la inauguración del Simposio Internacional de Catequética. Fue concelebrada por el nuncio apostólico y numerosos obispos.
En la misa se recordó al cardenal Eduardo Pironio, a monseñor Lucio Gera, profesor emérito de la Facultad de Teología y uno de los más importantes representantes del pensamiento teológico, y al presbítero Francisco de Vos, primer director del Instituto Superior de Catequesis Argentina (ISCA) que trabajó durante muchos años en el campo de la Catequesis, en el ámbito nacional.
Mensaje completo del Papa a los catequistas
A Su Excelencia Mons. Ramón Alfredo Dus, Arzobispo de Resistencia,
Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica
Vaticano, 5 de julio de 2017

Querido hermano:
Un cordial saludo a vos y a todos los que participarán en los diferentes encuentros de formación que ha organizado la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica.

San Francisco de Asís, cuando uno de sus seguidores le insistía para que le enseñara a predicar, le respondió de esta manera: «Hermano, [cuando visitamos a los enfermos, ayudamos a los niños y damos comida a los pobres] ya estamos predicando». En esta bella lección se encuentra encerrada la vocación y la tarea del catequista.
En primer lugar, la catequesis no es un «trabajo» o una tarea externa a la persona del catequista, sino que se «es» catequista y toda la vida gira entorno a esta misión. De hecho, «ser» catequista es una vocación de servicio en la Iglesia, lo que se ha recibido como don de parte del Señor debe a su vez transmitirse. De aquí que el catequista deba volver constantemente a aquel primer anuncio o «kerygma» que es el don que le cambió la vida. Es el anuncio fundamental que debe resonar una y otra vez en la vida del cristiano, y más aún en aquel que está llamado a anunciar y enseñar la fe. «Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio» (Evangelii Gaudium, 165). Este anuncio debe acompañar la fe que está ya presente en la religiosidad de nuestro pueblo. Es necesario hacerse cargo de todo el potencial de piedad y amor que encierra la religiosidad popular para que se transmitan no sólo los contenidos de la fe, sino para que también se cree una verdadera escuela de formación en la que se cultive el don de la fe que se ha recibido, a fin de que los actos y las palabras reflejen la gracia de ser discípulos de Jesús.
El catequista camina desde y con Cristo, no es una persona que parte de sus propias ideas y gustos, sino que se deja mirar por él, por esa mirada que hace arder el corazón. Cuanto más toma Jesús el centro de nuestra vida, tanto más nos hace salir de nosotros mismos, nos descentra y nos hace ser próximos a los otros. Ese dinamismo del amor es como el movimiento del corazón: «sístole y diástole»; se concentra para encontrarse con el Señor e inmediatamente se abre, saliendo de sí por amor, para dar testimonio de Jesús y hablar de Jesús, predicar a Jesús. El ejemplo nos lo da él mismo: se retiraba para rezar al Padre e inmediatamente salía al encuentro de los hambrientos y sedientos de Dios, para sanarlos y salvarlos. De aquí nace la importancia de la catequesis «mistagógica» que es el encuentro constante con la Palabra y con los sacramentos y no algo meramente ocasional previo a la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana. La vida cristiana es un proceso de crecimiento y de integración de todas las dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta (cf. Evangelii Gaudium, 166).
El catequista es además creativo; busca diferentes medios y formas para anunciar a Cristo. Es bello creer en Jesús, porque él es «el camino, y la verdad y la vida» (Jn 14, 6) que colma nuestra existencia de gozo y de alegría. Esta búsqueda de dar a conocer a Jesús como suma belleza nos lleva a encontrar nuevos signos y formas para la transmisión de la fe. Los medios pueden ser diferentes pero lo importante es tener presente el estilo de Jesús, que se adaptaba a las personas que tenía ante él para hacerles cercano el amor de Dios. Hay que saber «cambiar», adaptarse, para hacer el mensaje más cercano, aun cuando es siempre el mismo, porque Dios no cambia sino que renueva todas las cosas en él. En la búsqueda creativa de dar a conocer a Jesús no debemos sentir miedo porque él nos precede en esa tarea. Él ya está en el hombre de hoy, y allí nos espera.
Queridos catequistas, les doy las gracias por lo que hacen, pero sobre todo porque caminan con el Pueblo de Dios. Los animo a que sean alegres mensajeros, custodios del bien y la belleza que resplandecen en la vida fiel del discípulo misionero.
Que Jesús los bendiga y la Virgen santa, verdadera «educadora de la fe», los cuide.
Y, por favor, no se olviden de rezar por mí.
Francisco. +
12 de julio de 2017 a las 08:18
Cortesía de http://www.periodistadigital.com 



sábado, 8 de julio de 2017

¡LA SABIDURIA DE LOS SENCILLOS!


Comentario domingo XIV  del Tiempo ordinario A

“Padre, te doy Gracias porque le has escondido nuestros secretos a los sabios y entendidos y se los has revelado a la gente sencilla” (Mt.11, 25) 

Al Padre le ha parecido bien llenar de su Sabiduría a los pobres, humildes y sencillos y así pudieran conocer las maravillas secretas de su REINO. Aleluya. Ellos se llenan de gozo al oír sus enseñanzas; sin embargo, los sabios y entendidos de este mundo (los intelectuales, sacerdotes, escribas y doctores de la ley) acudían a Él, no para escucharle y obedecer su Palabra sino para “espiarle”, tenderle una trampa y ver de que podían acusarle para eliminarle. Lo que a los humildes le llenaba de gozo, a ellos los llenaba de rabia y de odio. A los que son como ellos, no se les revelará los secretos del Reino de los cielos pues no están dispuestos a recibirlos. 

¡Cuidado con creernos sabios y entendidos y despreciemos a los sencillos considerándolos como unos “ignorantes” (pata en el suelo como algunos los categorizan)! El Profeta Zacarías (1ra. Lectura) envía un mensaje de parte de Dios al Pueblo humilde de Jerusalén: Alégrense, ya que su Rey, justo y victorioso, les llega humilde montado sobre un “burrito”. El hará desaparecer los “carros de guerra”, los caballos de combate; romperá el arco del guerrero y anunciará la Paz a las Naciones. 

El Apóstol Pablo en su carta a los Romanos (2da. Lectura) nos exhorta a vivir conforme a las inspiraciones del ESPIRITU SANTO y no conformes al “desorden egoísta” de esta mundo, que nos perturba y nos lleva a la autodestrucción. El Espíritu nos conduce a la Vida Eterna. ¡Venga a mí los que están cansados y agobiados que yo los aliviaré! “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y hallarán su descanso”. Jesús se manifestó compasivo y Misericordioso con los pobres pero muy exigente en contra de aquellos que se aprovechan de su inocencia para humillarlos y explotarlos. 
¡Dichosos los humildes porque ellos verán a Dios y heredarán su Reino Eterno! Amén

Pbro. Pablo Urquiaga.

Imagen de Cerezo Barredo


sábado, 1 de julio de 2017

¡LA SEÑAL DE LA CRUZ!


Comentario domingo XIII  del Tiempo ordinario A

Hemos crucificado nuestra vieja naturaleza en la cruz de Cristo para no se-guir siendo esclavos del pecado y podamos ser LIBRES y así vivir la Nueva Vida del Resucitado” (Rom.6, 3-11). “Si morimos en Cristo con una muerte seme-jante a la suya; también nos uniremos a El con una Resurrección como la su-ya. Aleluya”.

“El que no toma su cruz y me sigue, no puede ser discípulo mío”. La “CRUZ DE CRISTO” es un “yugo suave y una carga ligera” si la cargamos con El. Ella trae-rá sus consecuencias pero también su recompensa. La Cruz Cristiana no hay que buscarla; ella vendrá a nosotros a través de nuestro compromiso por la causa de Jesús.

Cuando servimos a los demás debemos morir a nuestro egoísmo e interés mezquino, a nuestra comodidad para que el otro viva y sea feliz. ¡Dichosos ustedes cuando son perseguidos y rechazados por mi causa! Ese “sacrificio” que uno hace por el bien de los demás adquiere un sentido “redentor”; es muy distinto al “sufrimiento masoquista” de sentir “placer en el dolor” o el de una enfermedad o tragedia. Jesús vino a este mundo a liberarnos y sanar-nos de esos sufrimientos porque El quiere que sus hijos sean felices.

La Cruz de Jesús es señal de VICTORIA ya que es consecuencia de su entrega y amor por nosotros. Es por eso que no debemos avergonzarnos por llevarla en el pecho pero sobre todo en nuestros corazones como lo hicieron San Pedro y San Pablo, cuya fiesta celebrábamos en estos días. Ellos supieron asumir con valentía la ignominia de la cruz por la causa del Reino del Padre; a uno lo decapitaron y al otro lo clavaron en una cruz “de cabeza” pues no se sentía digno de ser crucificado como su Señor.

¡Al pecho llevo una cruz y en mi corazón lo que dice Jesús! Amén

Pbro. Pablo Urquiaga.

Imagen de Cerezo Barredo





sábado, 24 de junio de 2017

¡“No teman a los que matan el cuerpo”!


Comentario domingo XII  del Tiempo ordinario A

“El Señor está conmigo”: ¿A quién temeré; quien me hará temblar? Mis enemigos y ad-versarios tropiezan y caen; no podrán vencer-me ni hacerme claudicar. (Jer. 20,10ss)

A veces nos pasa a nosotros también (como Jeremías): querer “tirar la toalla” y abando-nar la Misión que el PADRE DIOS nos encarga. Ella se nos hace muy pesada y difícil. Como Jeremías somos injuriados y perseguidos por su causa y hasta nos han “amenazado de muerte”. Es ahí cuando Jesús nos dice: “No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el ALMA”

Seguir a Jesús es estar dispuesto hasta dar su vida por su causa. Él no nos ofrece “villas ni castillos”; nos alerta ante la “persecución” de aquellos que son enemigos de su Reino. Nosotros como Jeremías nos hemos dejado sedu-cir por EL y tenemos que predicar su PALABRA Y SER TESTIGOS DE SU REINO aunque nos cueste la vida terrena. En el Evangelio Jesús nos manda a decir a pleno día lo que Él nos ha revelado sin ningún temor.

Ayer celebrábamos la fiesta del nacimiento de SAN JUAN BAUTISTA. Él fue PROFETA Y MARTIR, Testigo fiel y digno PRECURSOR del Mesías que no se calló ante las injusticias; las denunciaba con valentía cuando interpeló al mis-mísimo rey por el adulterio con su cuñada. Eso le costó la “cabeza” pero no su dignidad ni perdió su ALMA ni dejó de cumplir su Misión a pesar de las ame-nazas de sus enemigos.

En estos momentos difíciles que vivimos los verdaderos Cristianos tenemos que vencer las dificultades y no atemorizarnos ante las persecuciones que nos pudieran venir a causa del Reino del Padre. Necesitamos FUERZA Y SABIDU-RIA para no “saltar la talanquera” y claudicar de nuestros principios por cau-sas mezquinas y egoístas. “Al que me niegue delante de los hombres, yo lo negaré delante de mi PADRE”. Amén

Pbro. Pablo Urquiaga.

Imagen de Cerezo Barredo

sábado, 17 de junio de 2017

“EL QUE ME COME VIVIRÁ POR MÍ”

Comentario domingo de la Santísima Trinidad Ciclo A

La presencia de Cristo en la Eucaristía es la señal más profunda y maravillosa del Amor de Dios para con nosotros. No solo le bastó dar su vida, sino se quedó entre nosotros para seguir “dándonos vida”; alimentándonos y deseando habitar dentro de nosotros. Él es el verdadero PAN DEL CIELO; el que lo coma tendrá Vida Eterna.

Recibir su CUERPO, que es su Persona y su SANGRE que es su VIDA, nos compromete a “vivir por Él; como Él y para Él”. “Hagan esto en mi MEMORIA”; esto quiere decir que como Él se dio por nosotros en cuerpo y alma; nosotros también en su MEMORIA (como testimonio) debemos hacer lo mismo. El momento de la CONSAGRACIÓN en la Celebración Eucarística nos recuerda ese compromiso. No debería comulgar aquel que no esté dispuesto a cumplir con ese mandato.

El origen de este “sacramento” (signo sagrado) se inspira en la celebración de la PASCUA JUDIA (Ex. 12,14) donde todos los años el Pueblo de Israel celebra el MEMORIAL de su Liberación del Imperio Egipcio. El MEMORIAL no es un simple recuerdo sino es la “actualización de un hecho del pasado” que se hace presente para ellos cada vez que se reúnen con ese fin. Lo mismo pasa con la Celebración de la Eucaristía para nosotros los Cristianos: Hacemos presente (actualizamos) el “UNICO Y ETERNO SACRIFICIO DE CRISTO”; es decir, se produce en nosotros el efecto de la Salvación si la celebramos con FE.

Al comulgar, no solo recibimos a Cristo Resucitado sino también a todos nuestros hermanos(as) que lo reciben igual que nosotros ya que nos hacemos un solo cuerpo con El; comemos de un mismo PAN y sellamos la Nueva Alianza con su Sangre. Así nuestras Eucaristías serán en verdad “Memorial de la CENA DEL SEÑOR”. AMEN
Pbro. Pablo Urquiaga.
Imagen de Cerezo Barredo