martes, 29 de noviembre de 2016

Haz algo realmente grande: detente en las personas heridas que te resultan difíciles


Que cambie mi rabia, mi odio, ni dureza, mis espadas y mis lanzas, en arados que hagan brotar la tierra

CARLOS PADILLA ESTEBAN

No quiero vivir pensando en el final de los tiempos y buscando señales de Dios que muestren cuándo concluirá todo. No me importa cuándo llegará el final de mi camino. Por eso quiero yo que Dios me regale el don de verlo oculto en los más necesitados, en los más pobres, en los más heridos.
Ver a María con Jesús en su vientre en otros. No sólo en los que me son fáciles. No en los que me resultan cercanos. No en aquellos que me tratan bien y me cuidan. No en aquellos con los que estoy en deuda porque me aman mucho. En ellos también. Pero es más fácil.
Dios quiere que me detenga en las personas heridas que me resultan difíciles. En aquellos con los que no compartiría mi vida. En las personas que más me cuestan. En ellos comienza el Adviento. En los más necesitados a los que yo no necesito. En ellos acaricio a Jesús en el vientre de María. En ellos camina Jesús vivo en este Adviento, tocando mi tierra.
Dios quiere que despierte a la verdadera misericordia en este Adviento. Quiere que lo busque a Él en los más pobres.
Como me contaba una persona: “Sé que tengo a Dios muy cerca. Lo veo en mis alumnos, en los vecinos. Él me regala su mirada y le veo en las personas más vulnerables. En mi barrio hay mucha miseria. Y mucho Dios. Me emociono cuando veo a Montse buscando tapones de plástico en los contenedores para ayudar a una niña enferma. No se da cuenta que los pocos tapones que puede juntar no son nada. Pero son mucho. Montse es una chica disminuida que malvive con sus hermanos, también disminuidos”.
Verlo en esa chica disminuida que apenas sabe vivir sola. Verlo en tantos hombres necesitados que no saben bien lo que les falta. Y me buscan, y me piden. Y yo rehúyo su mirada porque me inquieta. Quiero verlo en tantas personas heridas que buscan caricias de amor en cualquier parte.
Decía William Faulkner sobre la búsqueda de amor en el hombre: “No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. Entre el dolor y la nada elijo el dolor”.
Y comentaba Alex Rovira: Los seres humanos necesitamos para desarrollarnos ante todo caricias. Caricia entendida no sólo como el contacto de piel con piel. Una caricia es una mirada, es un gesto amable, es una mano en el hombro, es una sonrisa, es una crítica constructiva. Un signo de reconocimiento”.
Entre el dolor y la nada preferimos el dolor. Cuando no experimentamos caricias positivas buscamos caricias negativas. Mejor eso que la nada.
Por eso quiero tocar a Dios en las personas heridas. Acercarme a ellos como José a María en el Adviento. Sobrecogido, emocionado, con infinito respeto. Quiero tocar a Jesús en aquellos que buscan misericordia.
Se ha cerrado en Roma una puerta de la misericordia. Se abren infinitas puertas en medio de los hombres. Sé que cuando digo que sí a Dios y lo busco herido, se abre la puerta de mi alma para otros.
Es el Adviento un tiempo para agudizar los sentidos, despertar el alma, alertar la mirada, buscar a Dios presente entre mis manos. No quiero vivir aburguesado y cuidado. Aletargado y cansado. Salgo de mí mismo y me pongo en camino hacia los hombres.
Tiene algo de acción este tiempo de Adviento. Dejo lo que me ocupa para tener las manos libres y la mirada dispuesta a ver a Dios en todas partes.
Viene Dios y yo quiero que cambie mi corazón. Que cambie mi rabia, mi odio, ni dureza, mis espadas y mis lanzas, en arados que hagan brotar la tierra, en podaderas que hagan florecer tantas cosas que llevo dentro.
Sigo las sendas de Jesús. Me pongo a buscar sus huellas en las huellas de los hombres. Me agarro de su mano para no perder su ritmo sosteniendo tantas manos. Y me pongo a buscarlo en cualquier persona, en cualquier mirada, en cualquier lugar oculto. En medio de la noche.
Quiero encontrarlo en esa miseria que hoy me turba y desconcierta. Encontrarlo en medio de esos ruidos que no me dejan oírlo. Quiero un Adviento cargado de silencios, de paz, de noche, de estrellas. Quiero caminar por los caminos de los pastores que creyeron llenos de inocencia.
Quiero vaciar mi alma de tanto orgullo, egoísmo y miedos para abrazar otras almas sedientas. Para que me quepa dentro toda esa sed que hay en el mundo. Quiero que el anhelo de su venida crezca cada día más en mi alma.
Sé que Jesús llega para nacer en mi propia carne. Quiero que su misericordia hoy me levante de mi tibieza y me haga ser misericordioso. Quiero que aliente mi alma cansada. Robustezca mis piernas endebles.
Quiero que este tiempo de Adviento sean días de soñar más alto sin conformarme con nada. Sin que me baste mi vida mediocre. Llena de seguros que me tranquilizan.
Quiero alzar la mirada, perseverar en la entrega. Seguir por los caminos de la mano de José y de María. Con ellos voy seguro. Y Jesús en su vientre. Con la alegría de sentir su presencia en mis manos.

Cortesía de http://es.aleteia.org/

lunes, 28 de noviembre de 2016

¡El Adviento: tiempo de Espera vigilante!


Comentario al primer domingo de Adviento Ciclo "a"

Hoy empezamos un nuevo año Litúrgico y la iglesia, que es el Pueblo de Dios, se llena de inmensa alegría y se prepara con gozo a estos días de fiesta que se aproximan. Tiempo de Esperanza de un “cielo nuevo y una tierra nueva” donde habite la Justicia y la Paz y que cesen las guerras y que nadie se adiestre para matar a los demás sino para dar amor y vida en abundancia. Tiempo para “tomar conciencia” del sentido que tiene nuestra vida y de la Misión que el Señor nos encarga hasta que EL vuelva. Tiempo de CONVERSIÓN Y RECONCILIACIÓN, despertando de nuestros sueños e indiferencias, apatías e irresponsabilidad y falta de sensibilidad ante las necesidades de nuestros hermanos más próximos a nosotros.

Debemos estar VIGILANTES Y ACTIVOS, que el Señor nos encuentre UNIDOS trabajando por su Reino y cumpliendo con la tarea que nos ha encomendado. ¡Vengan, subamos al monte del Señor, elevemos nuestro espíritu, caminemos por las sendas del Señor! ¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor! Habrá PAZ dentro de sus muros y seguridad en su casa. “Las lanzas se convertirán en podaderas y de las espadas se forjarán arados y nadie se preparará para la guerra”. Cesará la violencia; nada de comilonas ni borracheras, se acabará la “corrupción y la maldad”.

El Señor nos alerta y nos pide que estemos vigilantes y preparados para su gloriosa venida, pero no de forma pasiva. Es tiempo de Misión y reencuentro. Al final de los tiempos ocurrirá lo mismo que en el tiempo de Noé; la gente compraba y bebía y se corrompía y cuando menos lo esperaban vino el “diluvio” y arrasó con todos. Hagamos de nuestros hogares “arcas de la alianza” con Dios, entremos y mantengámonos en su presencia para que seamos rescatados cuando El vuelva. Amén. FELIZ AÑO LITÚRGICO

Pbro. Pablo Urquiaga.

Imagen de Cerezo Barredo
                                                                                                                               

jueves, 24 de noviembre de 2016

El Papa advierte que el aislamiento es caldo de cultivo para el miedo y la desconfianza


En un vídeomensaje enviado al Festival de la Doctrina Social de la Iglesia, el Santo Padre explica que cuando nos ocupamos de los demás nos complicamos menos la vida que cuando estamos centrados en nosotros mismos

(ZENIT – Roma).- “Nuestra humanidad se enriquece mucho si estamos con todos los demás y en cualquier situación en que se encuentren. Lo que hace daño es el aislamiento, no el compartir”. Así lo ha indicado el papa Francisco, en un vídeomensaje enviado al Festival de la Doctrina Social de la Iglesia, que se celebra del 24 al 27 de noviembre en Verona, al norte de Italia. El encuentro, que celebra este año su VI edición, lleva por tema “En medio de la gente”.
En su mensaje, el  Papa explica que cuando se separa al pueblo de los que mandan, cuando se toman decisiones basadas en el poder y no en la compartición popular, cuando el que manda es más importante que el pueblo y las decisiones las toman unos pocos, o son anónimas, o están siempre dictadas por emergencias verdaderas o presuntas, la armonía social se ve amenazada y las consecuencias son graves para las personas: aumenta la pobreza, peligra la paz, manda el dinero y la gente está mal. Por lo tanto, estar en medio de la gente no solamente hace bien a la vida del individuo, sino que es un bien para todo el mundo.
El aislamiento “es caldo de cultivo para el miedo y la desconfianza” e “impide disfrutar de la fraternidad”, advierte el Santo Padre. De este modo,  subraya que “es necesario que nos digamos que se corren más riesgos cuando nos aislamos que cuando nos abrimos a los demás”. Así, indica que “la capacidad de hacerse daño no es propia del encuentro, sino del cierre y del rechazo”. En esta misma línea, el Pontífice asegura que “cuando nos ocupamos de los demás” “nos complicamos menos la vida que cuando estamos centrados solamente en nosotros mismos”.
Prosiguiendo con  la reflexión, asevera que estar en medio de la gente “no significa solamente ser abiertos y encontrar a los demás”, sino también “dejarse encontrar”.
Somos nosotros los que necesitamos que “nos miren”, “nos llamen”, “nos toquen”, “nos interpelen”, somos nosotros “los que necesitamos a los demás para poder participar en todo lo que solamente los demás nos pueden dar”. La relación –precisa– exige este intercambio entre las personas; la experiencia nos dice que, por lo general, de los demás recibimos más de lo que damos.
De este modo, subraya que “hay una verdadera riqueza humana entre nuestra gente”. Son innumerables –asegura– las historias de solidaridad, de ayuda, de apoyo, vividas en nuestras familias y en nuestras comunidades.
De este modo, el Papa cuenta una historia que le contaron recientemente, sobre una chica que murió con 19 años. “El dolor fue inmenso, muchísimos asistieron al funeral. Lo que sorprendió a todos no fue solo la ausencia de la desesperación, sino la percepción de una cierta serenidad”, cuenta. “Las personas, después del funeral, se decían unas a otras con asombro que habían salido de la celebración como liberadas de un peso”, explica Francisco. La madre de la joven dijo: “He recibido la gracia de la serenidad”. La vida cotidiana –indica el Santo Padre– está entretejida con estos hechos que marcan nuestra existencia: nunca pierden eficacia aunque no pasen a ser titulares de los diarios. Sucede así: “sin discursos ni explicaciones se entiende lo que en la vida vale o no la pena”.
Estar en medio de la gente, señala el Papa, también significa darse cuenta de que cada uno de nosotros es parte de un pueblo. Por eso, explica que cuando vemos el conjunto, “nuestra mirada se enriquece y resulta evidente que los papeles que desempeña cada uno dentro de la dinámica social nunca pueden ser aislados o absolutos”.  Estar en medio de la gente –añade– pone de manifiesto la pluralidad de colores, culturas, razas y religiones. “La gente nos enseña la riqueza y la belleza de la diversidad”, reconoce el Santo Padre.
Finalmente, Francisco invita a seguir el ejemplo de María, “si la miramos podremos recorrer todos los senderos de lo humano sin miedo y sin prejuicios”, con Ella, “podremos llegar a ser capaces de no excluir a nadie”.
Cortesía de https://es.zenit.org

sábado, 19 de noviembre de 2016

¡SERVIR ES REINAR!


Comentario a la solemnidad de "Cristo Rey del Universo" Ciclo "c"

Mi Reino no es de este mundo; no es como los de aquí”. Ustedes los humanos buscan “poder” para oprimir y abusar de los demás; yo lo uso para “LIBERAR”; ustedes lo quieren para buscar privilegios y prebendas; yo lo busco para “SERVIR” y dar mi vida para que los demás tengan “vida Eterna”. Sus “tronos” no son mi trono; sus “coronas de oro” no son mi corona pues ellas deshonran mi cabeza ya que están llenas de corrupción y falsedad. Mi trono es esa “cruz maldita” que yo he hecho BENDITA pues allí he mostrado mi amor Misericordioso.

YO SOY REY.  He venido al mundo para “SER TESTIGO DE LA VERDAD” y todo el que es de la VERDAD escucha mi voz y me sigue. Yo no he venido a condenar ni a “salvarme a mí mismo” sino a SALVAR aquel que reconoce su pecado y apela a la MISERICORDIA como lo hice con aquel ladrón que clavaron junto a mí. El reconoció sus culpas (su realidad), tuvo compasión de mí y me pidió que lo recordara en mi Reino. Desde aquella hora está conmigo en el paraíso.
YO SOY EL REY DE LOS POBRES Y HUMILDES; el de los condenados y marginados, el de los despreciados y explotados de esta tierra. YO SOY EL BUEN PASTOR, el que da su vida por las ovejas y va en búsqueda de la extraviada y enferma y cuando la encuentra la pone sobre sus hombros, la cura y la integra de nuevo en el redil. Yo doy mi vida por mis ovejas.
Yo soy la “cabeza del cuerpo de la Iglesia”, el primogénito de toda la Creación; El es el fundamento de todas las cosas. Nosotros somos su PUEBLO y ovejas de su Rebaño y es por eso que participamos de su “Reinado”; llamados a ser TESTIGOS de su amor y Misericordia hasta que El vuelva. Amen

Pbro. Pablo Urquiaga.


Imagen de Cerezo Barredo
                                                                                                                             
                                                                                                                             


Quienes fracasan en el matrimonio no son extraños en la Iglesia, dice el Papa a obispos


VATICANO, 18 Nov. 16 / 03:20 pm (ACI).- El Papa Francisco explicó que los obispos tienen el deber de acoger y acompañar a quienes han fracasado en su matrimonio y nunca considerarlos extraños al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia”.
Así lo indicó el Santo Padre en su discurso a los obispos reunidos este viernes 18 de noviembre en la Rota Romana, donde reciben un curso sobre la reforma del proceso de nulidad matrimonial que entró en vigor en diciembre de 2015.
En sus palabras a los obispos, en una visita que originalmente estaba programada para este sábado 19 de noviembre, el Papa resaltó que el fin de toda acción pastoral es la “salus animarum”, es decir, la salvación de las almas.
En esta perspectiva, dijo Francisco, “la Iglesia camina desde siempre, como madre que acoge y ama, bajo el ejemplo de Jesús Buen Samaritano”.
“La Iglesia del Verbo Encarnado se ‘encarna’ en las vivencias tristes y los sufrimientos de la gente, se inclina ante los pobres y ante cuantos están lejanos de la comunidad eclesial o se consideran fuera de ella a causa de su fracaso matrimonial”.
Sin embargo, prosiguió el Santo Padre, estos fieles “permanecen incorporados a Cristo en virtud del bautismo. Por lo tanto a nosotros nos toca la gran responsabilidad de ejercitar el munus (don), recibido de Jesús divino Pastor, médico y juez de las almas, de no considerarlos nunca extraños al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia”.
“Estamos llamados a no excluirlos de nuestra ansia pastoral, sino a dedicarnos a ellos y a su situación irregular y sufriente, con toda solicitud y caridad”, alentó.
Tras resaltar que la misión del obispo también se orienta en este sentido, el Papa Francisco explicó que es importante y necesario “eliminar con decisión todo impedimento de carácter mundano que hace difícil a un gran número de fieles el acceso a los tribunales eclesiásticos. Los asuntos de tipo económico y organizativo no pueden constituir un obstáculo para la verificación canónica sobre la validad de un matrimonio”.
“En la óptica de una sana relación entre justicia y caridad, la ley de la Iglesia no puede prescindir del principio fundamental de la salus animarum. Por lo tanto, los tribunales eclesiásticos están llamados a ser expresiones tangibles de un servicio diaconal del derecho en el resguardo de este fin primario”, subrayó.
Por ello, continuó el Pontífice, la salus animarum es la “palabra final del Código de Derecho Canónico”, para que esté “por encima como ley suprema y como valor que supera el derecho mismo, indicando así el horizonte de la misericordia”.
El Papa comentó asimismo que las preguntas que surgen de la pastoral matrimonial “requieren respuestas y procedimientos no siempre fáciles. Estoy seguro que estas jornadas de estudios los ayudarán a individualizar la aproximación más oportuna a las diversas problemáticas”.
De Cristo, el Buen Pastor, dijo Francisco, “debemos aprender cada día la sabia búsqueda del unum necessarium (lo único necesario): la salus animarum” que es “el bien supremo y se identifica con Dios mismo, como enseña San Gregorio Nacianceno”.
“Confíen en la asistencia indefectible del Espíritu Santo, que conduce invisible pero realmente a la Iglesia”.
“Recémosle para que los ayude y también ayude al Sucesor de Pedro a responder, con disponibilidad y humildad, al grito de ayuda de tantos de nuestros hermanos y hermanas que necesitan conocer la verdad sobre su matrimonio y sobre el camino de sus vidas”, concluyó.
Cortesía de https://www.aciprensa.com



lunes, 14 de noviembre de 2016

El Papa Francisco pide a las parroquias del mundo no caer en la tentación del desaliento

(RV).- La intención para la Evangelización del Papa para este mes de noviembre es: “para que en las parroquias, sacerdotes y laicos, colaboren juntos en el servicio a la comunidad sin caer en la tentación del desaliento”.


¿Por qué el Papa nos invita a rezar por esta intención de oración?

“Una intención de oración expresa siempre una situación concreta que preocupa el Santo Padre. Esta intención para la evangelización es un desafío para la misión de la Iglesia. Como sabe el Papa Francisco insiste mucho sobre la importancia del anuncio del Evangelio. La Evangelii Gaudium -La Alegría del Evangelio- es un programa para la misión, y por supuesto para la misión de todos los discípulos de Jesús. Todos estamos llamados, dice, a crecer como evangelizadores. Cada miembro del Pueblo de Dios, cualquier sea su función en la Iglesia, en virtud de su Bautismo y Confirmación, se ha convertido en discípulo misionero (n. 120)”.

“La comunidad parroquial es esencial para la misión, pues está cercana a la vida de la gente, pero, para que no sea únicamente una agrupación de cristianos que vienen el domingo para celebrar la Misa pero realmente una comunidad fraterna y solidaria se necesita una verdadera colaboración entre sacerdotes y laicos, los cuales son la inmensa mayoría del Pueblo de Dios”. “Cuando iba de parroquia en parroquia, para apoyar los equipos pastorales, me di cuenta que las parroquias donde estaba presente una comunidad fraterna y solidaria eran las mismas en las cuales había una verdadera colaboración en la misión entre sacerdotes y laicos. Lamentablemente a veces hay un excesivo clericalismo que mantiene los laicos al margen de las decisiones”.

“Esto crea tensiones y desaliento. Es terrible para la misión pues es un contra testimonio al Evangelio. Cuando nos dejamos conducir por el clericalismo nos convertimos en obstáculos a la acción del Espíritu del Señor. El Papa Francisco ha denunciado muchas veces esta deformación de la autoridad. Es pues un desafío, por eso el Papa nos invita a rezar y a movilizarnos por él. Es juntos, sacerdotes y laicos, que podemos transformar nuestra parroquias en comunidades fraternas y solidarias, que sean sal y luz en nuestro mundo”.

¿Qué sugiere a las comunidades parroquiales para no caer en el desaliento?

Rezar más, continuar la misión con perseverancia, pedir consejos y colaborar juntos.

(Mercedes De La Torre, RV).

Cortesía de http://es.radiovaticana.va/

Los tesoros de la Iglesia no son sus catedrales, sino los pobres


Un examen de conciencia en diez puntos que todo cristiano debería hacer al final del Jubileo

13 NOVIEMBRE, 2016

Los tesoros de la Iglesia no son su catedrales, sino los pobres, ha explicado el Papa Francisco este domingo al concluir el Jubileo de las personas socialmente excluidas, convocado al final del Año de la Misericordia.
La homilía de la celebración eucarística, en la Basílica vaticana, que acogía a seis mil personas pobres, ofreció la oportunidad a Francisco para abrir su corazón y pedir a los cristianos que hagan un examen de conciencia sobre la manera en que la Iglesia trata a los pobres.
Estas son las diez consignas que el Papa compartió con los presentes, muchos de ellos sin techo. Son la base para un examen de conciencia que debería hacer todo cristiano al final de este jubileo.

1. “¿Qué tiene valor en la vida, cuáles son las riquezas que no pasan? Está claro que son dos: el Señor y el prójimo. ¡Estas dos riquezas no pasan! Estos son los bienes más grandes que hay que amar”.
2. “La persona humana, colocada por Dios en la cumbre de la creación, con frecuencia es descartada, porque se prefieren cosas que pasan. Y esto es inaceptable, pues el hombre es el bien más precioso a los ojos de Dios”.
3. “Hay que preocuparse cuando la conciencia se anestesia y ya no se hace caso del hermano que sufre a nuestro lado, de los problemas serios del mundo, que se convierten en estribillos ya escuchados en los guiones de los telediarios”.
4. Dirigiéndose a los pobres: “Con su presencia, ustedes nos ayudan a sintonizarnos en la longitud de onda de Dios, a mirar lo que Él mira: Él no se queda en las apariencias”.
5. “¡Cuánto daño nos hace fingir que no nos damos cuenta de que Lázaro es excluido y descartado! Esto significa dar la espalda a Dios. ¡Es dar la espalda a Dios!”.
6. “Cuando el interés se concentra en las cosas que hay que producir, y no en las personas que hay que amar, nos encontramos ante un síntoma de esclerosis espiritual”.
7. “Esta es la trágica contradicción de nuestro tiempo:  cuanto más aumentan el progreso y las posibilidades —algo que está bien— más aumenta el número de quienes no pueden acceder a ellos”.
8. “No podemos quedarnos tranquilos en casa, mientras Lázaro yace en la puerta: no puede haber paz en casa de quien está bien, cuando falta justicia en la casa de todos”.
9. Que el Señor libre a los hijos de la Iglesia “de los intereses y de los privilegios, del apego al poder y a la gloria, de la seducción del espíritu del mundo”.
10. “Nuestra tarea consiste en cuidar de la verdadera riqueza, que son los pobres”, “los verdaderos tesoros de la Iglesia”.

Cortesía de http://es.aleteia.org/